¿Existencialismo bíblico?, ¿Salomón, Sartre y Camus?
Recientemente termine de leer el libro de Eclesiastés, esta obra fue escrita por
el rey Salomón, considerado por la Biblia como el hombre más sabio de sus días.
Bien podríamos resumir el tema central del escrito: todo es vanidad, es decir,
carece de sentido, es locura, en palabras del predicador, “es como correr tras el viento” o Eclesiastés 6:12 “En la
brevedad de nuestra vida sin sentido, ¿quién conoce cómo pasar mejor nuestros
días? Nuestra vida es como una sombra. ¿Quién sabe lo que sucederá en este
mundo después de la muerte?”.
Publiqué en
redes sociales algunas frases de esta lectura, a varios amigos les llamó la
atención la forma tan directa de expresar sentimientos respecto a la muerte, en
una sociedad tan sedada como la nuestra, las olas pesadas del existencialismo
despiertan las mentes más agudas y las hacen sufrir con las contradicciones
latentes de todas las circunstancias, ese maldito vaivén que nos hace odiar la
injusticias y también los sistemas de ‘justicia’. Cuando uno escucha la
sabiduría aquí expresada es como leer a un existencialista del siglo XX como
Jean Paul Sartre o Albert Camus, aunque también existe el existencialismo
cristiano (con representantes como Søren Kierkegaard), este no es tan conocido.
Las frases que publiqué causaron que incluso un excompañero
de la preparatoria me escribiera un mensaje recomendándome un pequeño cuento de
Jean Paul Sartre llamado “El Muro”; el relato se desarrolla durante la época
del fascismo español, tres hombres son sentenciados a muerte por sus relaciones
con los insurgentes y esperan en un sótano la víspera de su fusilamiento. Un
médico belga pasa la noche para estudiar el comportamiento y crisis humana de
los sentenciados a la pena capital, anota en su libreta los temblores, sudores
y también la incontinencia; Juan llora como un niño, Tom solo piensa en el frío
muro que conglomera la marca de los fusiles que ahora apuntan su gris
pecho.
El narrador, Ibbieta, también
tiene miedo, pero reflexiona de manera distinta, la muerte lo ha hecho un
existencialista (como Sartre); para él la muerte no había tenido tanta
relevancia como hasta ese momento. Su amada ya no es encantadora, ahora es
innecesaria, sus recuerdos ya no son buenos ni malos, son solo recuerdos; el
cielo ya no es resplandeciente, ahora es gris y con tenues estrellas.
Finalmente llega el momento, fusilan a Juan y Tom, Ibbieta es llevado aparte,
interrogado, y tentado: “dime dónde está Ramón Gris y te perdonamos la vida”; a
nuestro personaje no le importa Gris y sabe dónde está, pero quiere morir como un terco,
sin delatarlo. Finalmente miente diciendo que está escondido en el cementerio,
para suerte, azar o destino de este penitente, Gris es asesinado en el lugar,
Ibbieta es excusado y al final de todo se ríe hasta las lágrimas sentando en el
suelo, vaya forma de decir que la vida es una comedía, un carcajada sin
sentido.
Sé cómo piensa Sartre, estudié su
filosofía en la universidad, al final perece que aprendió mucho de Salomón,
aunque dudo mucho que esa sea su fuente primaria. Creo que los
‘existencialismos’ solo son una forma de nombrar las narrativas de
justificación que todas las épocas humanas han experimentado, por eso Salomón
dice: "El que es sabio piensa mucho
en la muerte, mientras que el necio solo piensa en divertirse” (Eclesiastés
7:4).
Los seres humanos no queremos
morir como animales grises, tampoco como plantas sin introversión, el hombre ha
de justificar su vida y muerte como parte del ciclo de los dioses, como
continuidad del ciclo de la materia, como sinsentido o como nada: el punto es
que no pase desapercibida. Si algo en común tenemos todos es no querer morir,
pero como es irremediable, ¡tenemos que decirlo!, ¡hay que expresarlo! Yo
encuentro eso en común en todo estos pensamientos, Salomón vivió todo lo que
pudo y cuando moría tenía que elevar un acto de rebeldía contra la última fase
de la vida diciendo: ¡todo es vanidad!
En su ocaso Sartre se hundió en
la locura o en la iluminación, él podía vivir en lo absurdo, pero… ¿morir en lo
absurdo? Antes de dejar de existir, la
revista Le Nouvel Observateur publicó
sus palabras: “No me percibo a mí mismo como producto del azar, como una mota
de polvo en el Universo, sino alguien que ha sido esperado, preparado,
prefigurado. En resumen, como un ser que sólo un Creador pudo colocar aquí; y
esta idea de una mano creadora hace referencia a Dios.” No sé cómo interpretar
esto, pero su agónico desenfreno y su risa plasmada en ‘El Muro’ no existen más.
Para la incredulidad de otros, Albert
Camus también tuvo sus propias dudas, y a diferencia del existencialismo de
Sartre que ‘provocaba’ paz y libertad, Camus veía su existencia como una lucha
constante, en el Mito de Sísifo declara
su ambición: luchar con orgullo y terquedad, una y otra vez, hasta encontrar
algo, quizá sentido. Albert Camus murió a los 46 años de edad en un accidente
de auto, antes de eso mantuvo
conversaciones extendidas con el pastor liberal Howard Mumma respecto a Dios, la
fe y la Biblia. No sabremos el desenlace del pensamiento de Camus; sin embargo,
puedo imaginar a Sísifo en la montaña, sentando sobre la roca viendo las
estrellas. Para mí la respuesta solo puede encontrarse en el Dios que
trasciende mi imaginación, en el Dios que habla claro en la Biblia.
La futilidad de la vida desde la
perspectiva de Salomón nos brinda un amplio panorama para reflexionar respecto
a Dios y en relación a la realidad, nos hace preguntarnos por qué vivimos, para que
vivimos y cómo realmente esta vida
puede tener sentido. Aunque presenciamos existencialismo en Salomón, lo
encontramos siempre orientado a Dios. Sus conclusiones son inspiradas por Dios
porque son un grito de protesta contras las consecuencias del pecado, Dios las
dejó para nosotros para que anhelemos algo más que vivir aquí, las dejo como un
desierto que hace que nuestra sed por la vida que Él ofrece aumente, también
como un oasis para saber que todo tiene propósito en Dios. La conclusión de
Salomón en la siguiente: “Teme a Dios y
obedece sus mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos. Dios nos
juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea
bueno o sea malo.”
- Rafael Tort.
- Rafael Tort.

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