La confianza de los hijos de Dios es perseverante.
“…deseamos
que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar
la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no seáis perezosos, sino
imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.”
-Hebreos 6:11,12.
Los hijos de Dios esperamos en
todo tiempo en nuestro Padre. Puesto que él es bueno y para siempre es su
misericordia no habría motivo para que nuestras vidas desconfíen; sin embargo,
esta confianza no es siempre un hecho. Jesús consiente del temor imperante nos
invita a lo largo de los evangelios a confiar en la provisión de nuestro Padre
en los cielos, por ejemplo, en Mateo 6:26: “Miren
los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el
Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que
ellos?” (NTV). Nuestra confianza en estas promesas nos hace esperar en
Dios, pero la paciencia, a diferencia de lo que muchos piensan, no es una virtud
pasiva.
El significado
de paciencia estimula en nuestra mente conceptos como tranquilidad, calma o quietud.
Cada una de estas palabras muestran vías en las que se extiende la paciencia,
mas no son su corona. La paciencia es la virtud que manifiesta en nosotros perseverancia: la capacidad de soportar las dificultades que se
presentan en nuestro camino. Expresar este concepto es el propósito de muchos
autores bíblicos al utilizar dicho término en sus textos, también del escritor
de Hebreos 6:
“… no seáis perezosos, sino imitadores de
los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas” (v.12).
Las virtudes que nos llevaran a
alcanzar las promesas son la fe y la paciencia. Si la fe es nuestra disposición
a confiar plenamente en las obras de Cristo para nuestra salvación, la
paciencia es la perseverancia que permite que nos mantengamos firmes en esa
confianza, ambas virtudes son regalos de Dios para sus hijos. Nunca hubo ni habrá
alguien que fuese salvo sin poseer fe y paciencia. Así pues, los hijos de Dios
perseveran en la confianza hacia su Padre.
Tenemos
con nosotros la más grande de las invitaciones: heredar la promesa que fue
conquistada por Cristo. Definitivamente habrá momentos de desánimo y
desconfianza, tiempos en los que rendirse será mucho más fácil que perseverar, circunstancias
en las que descansar será más atractivo que combatir. No obstante, debemos
recordar que siempre tendremos con nosotros un Señor fuerte y poderoso, un Capitán
honorable y sin igual; siempre tendremos un Salvador que nos dice: ‘Confía, yo
he vencido mundo’, por lo tanto:
“¡Ten confianza en el Señor! ¡Ten valor, no
te desanimes! ¡Sí, ten confianza en el Señor!” - Salmos 27:14 DHH.
Es nuestro
privilegio poder confiar en Cristo, al hacerlo y perseverar en ello seguro
alcanzaremos nuestro destino. Conquistar una montaña nunca ha sido fácil, ganar
una guerra nunca costo algo menos que sangre y sacrificios; nuestra salvación no
fue fácil ni barata, costó la vida de nuestro rey, pero la mejor de todas las
noticias es que ya fue ganada para nosotros, solo tenemos que ser valientes, cobrar
ánimo y alcanzarla.
Espera en el Señor; sí, espera valientemente.
-Rafael Tort.

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