Busca primero el Reino de Dios, después todo lo demás.


Busca primero el Reino de Dios, después todo lo demás.


La gracia que Dios nos ha dado a través de la obra de Cristo Jesús es de proporciones eternas y ciertamente de un poder inexorable, tratar de describirla en términos humanos es imposible; en suma, una realidad inefable. Tarde o temprano nos enfrentaremos al momento decisivo de nuestra vida: nuestra muerte; solo entonces podremos comprender plenamente que toda nuestra vida junto con nuestras más grandes posesiones y sublimes amores es vanidad en comparación con la todopoderosa gracia de Dios en el Jesús. A la luz de la gloria de Cristo nuestra vida se verá como el vapor de los campos: por un instante gobierna, es visible y cubre todo, en el siguiente instante perece bajo la sombra del sol.

Cuando Jesús nos decía “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás”, no lo hacía porque necesitase de nuestra entrega para asegurar el éxito de su reinado. No es como el llamado de un rey terrenal que ante la inminente guerra convocaba a su pueblo a seguirlo a la batalla. En el ejemplo anterior la supervivencia del rey y del reino depende de la obediencia del pueblo; en el reino de Cristo no es así. Cristo es un Rey todopoderoso, soberano y autosuficiente, siempre su invitación a buscar el reino de Dios es cuestión de vida y muerte para nosotros. Son los súbditos del Rey del cielo los más interesados en seguir estas palabras y anclarlas a su corazón.

 Si la vida que tenemos en la tierra es tan corta y vana, ¿por qué habríamos de desperdiciarla buscando las cosas pasajeras y temporales?; Si todos nuestros tesoros acabarán en manos de otros (Ecl. 4:8) y nosotros volveremos al mundo eterno desnudos tal cual nacimos, sin llevarnos nada en las manos (Ecl. 5:15) ¿Por qué habríamos de vivir para perderlo todo? Así pues, la necesidad de buscar las cosas eternas, las del reino de los cielos es un beneficio para nosotros. Traduzco: cada segundo de nuestro trabajo por el reino de Dios y la gloria de Cristo acarreará una recompensa eterna, de la cual no nos podrán despojar jamás.

 Leonard Ravenhill dijo lo siguiente: “cinco minutos después de morir, sabrás como debiste de haber vivido.” En el momento en que nada de este mundo tenga relevancia, nos daremos cuenta de los tesoros realmente valiosos. En ese momento, un abrazo al necesitado será más transcendental que la maestría que nos costó años y desvelos. Bajo la luz de la eternidad, la plática con ese hombre vagabundo y despreciado será más valiosa (Mateo 25:40) que la asistencia al concierto de nuestra banda favorita. No me malentiendas, ni estudiar maestría ni asistir a un concierto son actos pecaminosos, pero sí superficiales. Si hablamos de la vanidad del pecado, puedo decir: cada instante gastado en el pecado y sus obras es la forma más asquerosa de asesinar el tiempo que Dios nos regala, durante cada paso en la eternidad aborreceremos esos momentos de oscuridad. No hay más que decir.

Pregunto: “¿buscas para ti grandes cosas? No las busques (Jeremías 45:5). Te suplico que nos las busques. Las grandes cosas siempre terminan a aplastado a quienes las ‘poseen’. El trabajo de tus sueños podría ser la cadena más opresiva que has conocido, ciertamente una cadena de oro, pero no deja de oprimir tu verdadera libertad en el Espíritu. La silla doctoral de tus ilusiones, podría ser la silla que te esclavice al mundo académico (siempre cambiante y evolutivo), ciertamente es ‘la silla’ pero no deja de ser tan mortal como la silla eléctrica. Hagamos lo que tengamos que hacer con tal de que nuestra búsqueda principal se centre en el reino de Dios:

«Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.» Mateo 6:33

Cuando Jesús usaba la palabra buscar, se refería a hacerlo con el peso de este significado: «codiciar ansiosamente»; «ir decididamente en pos de ello». ¡Qué privilegio tenemos! Podemos gastar nuestras vidas de modo que nuestra prioridad sea el reino de Dios y Él nos dará todo lo que necesitemos. Buscar “el reino de Dios por encima de todo lo demás” es la más bella melodía que nuestras vidas pueden ejecutar. Nuestra mente dice: “pero tengo hijos; tengo trabajo; tengo obligaciones económicas”; Jesús nuestro rey se mantiene firme:

«Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos?”. Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.» Mateo 6:31-33.

Que el Señor nos ayude y que la gracia del Príncipe de paz nos envuelva.


-Rafael Tort. 

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