Una reflexión sobre el feminismo: apuntes personales.



Mi intención con este artículo no es proporcionar una solución determinante respecto a este tema; sino propiciar un entendimiento más objetivo del mismo y generar así el deseo de producir una crítica más eficaz desde nuestra cosmovisión cristiana.

Definir el feminismo es una tarea monumental a la que no pocos académicos y escritores se han dedicado. Basta buscar información en una base de datos académica o en Google para darse cuenta de todas las ramificaciones posibles de este movimiento (feminismo socialista, feminismo antifeminista, feminismo liberal, feminismo anarquista, etc). Por lo tanto, es un error generalizar toda la doctrina feminista bajo el estandarte "feminazi" o de las alas más extremas. Las cristianas debemos ser sensibles de estas diferencias y analizar el movimiento por sus partes en sus diferentes concepciones para poder ejercer una crítica bíblica.

No pienso extenderme en la reseña histórica de las olas del feminismo o sus variantes, sin embargo este documento¹ puede ayudar a generar un análisis histórico para 'definir' feminismo.
No todos los feminismos son iguales y no todas las feministas exigen lo mismo. El feminismo se generó en occidente desde un trasfondo liberal y auspiciado por el ideal de la igualdad entre los individuos, incluso entre un hombre y la mujer. Despreciar cada aportación del feminismo sería hechar de cabeza oportunidades que las mujeres hoy en día poseemos como la educación, el voto, o igualdad legal y constitucional. Incluso en muchas sociedades con trasfondo judeo-cristiano, los varones hicieron mal uso de su autoridad al empezar a oprimir y denigrar a la mujer al privarla de los derechos de los cuales ella podía ser partícipe.

El principal objetivo de los primeros feminismos era resaltar el valor de la mujer como individuo  y por lo tanto sus derechos, ellas buscaban igualdad en las diferencias. De este modo, al creer que el hombre y la mujer son complementarios mostraban afecto y apreciación hacia la maternidad, por ejemplo.

Es evidente que no podemos
decir que acreditamos el feminismo en general o que yo misma me considere feminista; ciertamente algunas corrientes están completamente en contra de la sujeción, la maternidad y han fomentado el abuso contra los hombres.

Ahora bien, si no soy feminista ¿cómo sostengo que algunas exigencias del feminismo son legítimas? La respuesta: Porque mi concepción de lo que una mujer es, se basa en lo que Dios piensa respecto a ella, y esto lo encontramos en la Biblia.

Tomemos de punto de partida la primer vez en que Dios mencionó el valor de la mujer. Lo cual se encuentra en el relato de la creación.

Gen. 1:27
"Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó"

Ambos, tanto hombre como mujer son portadores de la imagen de Dios, son hechos a su semejanza. Ellos entran igualmente en la declaración de parte de Dios hacia su creación: esto es 'bueno'. Y cuánto más ahora, que por medio de Cristo todos aquellos que confían en el Hijo son herederos de la vida eterna, coherederos con Cristo. (Sea hombre o mujer- ya no hay alguna diferencia).

Gál. 3:28
Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.

Incluso, podemos decir que es responsabilidad de los creyentes exaltar la igualdad de valor delante de Dios entre varón y mujer.

La Palabra de Dios nos declara  que todos tenemos el mismo valor y dignidad.

Dios nos hizo iguales pero con diferentes roles y responsabilidades. Existen jerarquías, llevan un orden. Pero no creemos que uno sea más importante que otro, al contrario creemos que son complementarios.

Tener un entendimiento correcto del valor que Dios da al ser humano es necesario para que podamos tratar a los demás como portadores de la imagen Divina.



-Mariapaula Delgado.

¹ https://drive.google.com/file/d/1aV0olwdUjwGQP-mEcyFFrt99c4pOVcMR/view?usp=drivesdk

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